lunes, 24 de diciembre de 2007

Percepción

La sección semanal nos relata el encuentro de Moshé con la famosa y siempre bien ponderada "zarza ardiente". La Torá nos cuenta que Moshé se aparta para contemplar el milagro del arbusto que a pesar de que se encontraba en llamas, no se consumía. Qué representa esta situación? Abordemos primero otra pregunta. Como es sabido (o no tan sabido) D's procede a liberar al pueblo de la esclavitud justo un instante antes de que caigan presos del último nivel de impureza espiritual. Existen 50 niveles de decadencia por los cuales fue bajando el pueblo hasta llegar al 49`. Si D's permitía un descenso más, hubiese sido demasiado tarde. La pregunta es: Por qué esperar hasta el "minuto 90", diría un amigo, para poner en plan la liberación? Por qué no enviar un Moshé cuando se encontraban en el nivel 40 ó 45? Para empezar a responder, los sabios explican que existe un patrón que tiene lugar siempre que hay una aparición o revelación de algo nuevo. Por ejemplo, cuando una semilla comienza a generar un brote, se sucede un proceso de putrefacción de la misma hasta un nivel en el cual parece estar a punto de desaparecer. Precisamente en el momento cúlmine es cuando el nuevo retoño tiene su lugar. El lashón hakodesh (el idioma hebreo) apoya esta idea debido a que la palabra para designar "fruto" y "pudrición" tienen la misma raíz. IBoL = Pudrirse, IeBuLá = Fruto, cosecha. Análogamente, el cuerpo humano sufre una descomposición luego de la muerte en la cual toda su materia es reducida a excepción del pequeño hueso de la nuca llamado en hebreo "LUS". Otra vez vemos como de una aparente pudrición saldrá en un futuro, con la resurrección de los muertos, un nuevo cuerpo regenerado a partir de ese pequeño hueso. En base a esta idea, se entiende por qué el momento de liberar al pueblo es precisamente cuando se encontraban en su "apogeo" de decadencia espiritual. También vamos a entender que el arbusto quemándose representa este mismo proceso y que Moshé logra detectar esa pequeña chispa de esperanza que hace que el arbusto no se consuma dentro de su incineración. La prueba que debía pasar quien se iba a convertir en el encargado de sacar al pueblo de la opresión era poder percibir y concebir el milagro de la semilla que en su máximo nivel de descomposición da lugar a una entidad completamente renovada. Es por eso que el mundo actual, escenario de los peores desastres de la historia (de cualquier índole) no hace más que afirmar su condición de semilla pudriéndose cada vez más hasta que dé lugar a un mundo totalmente distinto y renovado con la llegada del Moshé del último exilio.

1 comentario:

rodo dijo...

arii sos lo mas grande que hay, todas tus reflexiones son ciertas y tu manera de expresarlas y de hacerlas llegar son unicas.

te adoro amigo

rodoo